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domingo, 5 de mayo de 2013

Hoy debería estar en Madrid


Hoy empieza Documenta Madrid y por primera vez en ocho años no voy. Cuando hace dos semanas me despedía en Málaga de la gente sentimos algo extraño, pues lo ordinario hubiese sido decirnos “nos vemos en unos días en Madrid” y este año no. En 2006, mi primer año en Alcances, acudí a este festival. Entonces uno era como un agente de seguros, intentando vender el proyecto y que queríamos contar en el circuito. Antonio Delgado, fundador y director del  Documenta, me dio una impresión curiosa. Si ustedes tienen en mente que los directores de festivales con como sabios decimonónicos, olvídense. En la gala de inauguración proyectaron un documental que el hijo de Buñuel hizo sobre Calanda en los años 60. La gracia estaba en que cuando salía la legendaria tamborrada del Viernes Santo, apareció en escena un grupo (cofradía, creo que las llaman allí) que la tocó en directo, en paralelo a las imágenes. En un  momento dado sacaron a Antonio y se puso a llevar el compás con un tambor. Entre el público, pensé que vaya festival era ese en el que el director era capaz de hacer esas cosas.

Fue el inicio de una gran amistad. Con el tiempo descubrí que Antonio era capaz de eso y mucho más por sacar el Documenta adelante. Desde trajearse como un ejecutivo para hablar con alguna autoridad hasta irse a China. En 2009 me hizo el honor de ser jurado de su festival y pude observarle más de cerca.  Se desvivía por Documenta, se quedaba sin comer, hacía el pino puente si era necesario. El secreto era una vitalidad inagotable, que le llevaba en sus vacaciones a viajar como un mochilero de 20 años por el mundo y a tragarse horas de autobuses infames, sin usar nunca su condición de alto cargo en el área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid para pedir privilegios. Viajes de donde volvía cargado de películas, libros y su gran pasión, cómics. Se mimetizaba con el entorno. Recuerdo que en 2007 fue jurado nuestro, y cuando íbamos todos al restaurante donde entonces se celebraban las deliberaciones, empezó a explicarle a sus compañeros el Cádiz antiguo, donde estaba el Manteca, etc. Se ganó el dudoso honor de ser citado en el libro que escribí sobre el 40 aniversario de Alcances.

Pero aparte de su persona irrepetible e intransferible, Antonio hizo del Documenta un espacio mítico. En mi formación no reglada como programador de festivales fue crucial conocer este evento madrileño. Por la gente que conocí, que en algunos casos ha superado el funcional estado de “contactos” para pasar al de amigos, por acceder a sus mastodónticas pero completísimas proyecciones, que me permitió pulirme como programador, por las experiencias vividas allí, por aquel mítico jurado del que formé parte. Si Alcances es lo que es hoy en día, es en gran medida por haber podido formar parte estos años de la pandilla del Documenta, que me permitió saber por dónde iban los tiros en esto del documental moderno, y donde había que poner el ojo. Documenta forma parte de mi memoria personal tanto como profesional, pleno de momentos que se perderán como lágrimas en la lluvia. Va en paralelo con otro festival que adquiere las mismas proporciones legendarias, L’Alternativa de Barcelona, que ha sufrido este año la retirada de Margarita Maguregui, que lo deja por propia iniciativa. Alguien que también ha influido en mi pensamiento festivalero profundamente, y del algún día les haré una semblanza.

El año pasado Antonio fue vilmente destituido del Documenta. De acuerdo que nada es eterno, y los cargos cambian, pero en su caso fue una destitución humillante y vergonzosa. Cayó no por motivos objetivos, sino por la depuración de cargos en el Ayuntamiento madrileño tras la marcha de Gallardón a quitarse la careta de moderado en el gobierno. Primero putearon la edición 2012 del Festival a unos niveles demenciales y una vez vieron que a pesar de todo salió lo echaron por burofax, con un segurata acompañándole en su despacho para ver que sacaba y demás accesorias. Es increíble el desprecio que los nuevos ejecutivos, tanto públicos como privados, sienten hacía unos trabajadores que tratan como material gaseable. Lo viví de cerca en la reciente masacre laboral del Grupo Joly. Hace poco supe de un caso en que una trabajadora fue despedida mientras estaba en urgencias por un problema de su madre. Hasta allí llegó un ejecutivo que le exigió el teléfono y el portátil de empresa in situ. Creo que si estos directivos en vez de vivir ahora hubiesen vivido en la Alemania de los años 30, estarían en los libros de Historia como criminales de guerra. La mentalidad la tienen.

Todo el esfuerzo, entusiasmo, profesionalidad, y trabajo de Antonio solo le han servido para ir al paro más flagrante y a tiempos difíciles, de los que espero sinceramente salga pronto, pues un talento como el suyo no debe desperdiciarse. Hoy empieza el nuevo Documenta, más diluido, seguramente válido, pero ya no será igual. Hoy debería estar en Madrid, perdiéndome como todos los años la tarta que hace mi hermana por el día de la Madre, pero no, ya no. Qué responsabilidad para los que seguimos vivos en esto de los festivales. No tenemos que hacer nuestra labor sólo por nuestros eventos, sino también por todos aquellos que han caído en el camino, para vindicarlo de algún modo. Va por ti, Antonio.


(De nuevo no me deja incrustar este youtube, sorry)